Además, hay tan poquísima gente en el país (que es más grande de lo que parece en los mapas), que las casas, esparcidas entre sus verdes montañitas, tienen todas un jardín, con varios árboles en él, y hay pocas casas que están pegadas a otra. Hasta ahora, vemos que cada casa es diferente a la siguiente, originales, con grandes ventanales y buen gusto. ¡Nos gusta este país!
De hecho, parece un país de cuento, de esos que se describen en los libros infantiles: Sus casitas perfectas, jardines verdes y cuidados, la gente super amable y sonriente, la sensación de seguridad, (qué feo quedaría un crimen en los dibujos animados de “Cartero Path”, ¿verdad?) la limpieza en las calles(y en los innumerables baños públicos, las cosas funcionando, los trabajadores siendo puntuales, los niños respetuosos… ¿podrá existir un país así, realmente, o es todo fachada?
En relación a la seguridad: el otro día estuvimos en una barbacoa (¡les encantan!), y los asistentes discutían sobre la subida de la delincuencia en el barrio, preocupados porque alguien se dedicaba a mear en los muros de sus casas. Igor y yo asentíamos con empatía, queriendo ser partícipes de su debate. Hubiésemos querido contarles cómo la semana anterior un “policía” atracó a un amigo a punta de pistola en Buenos Aires, o la definición de delincuencia en Lima. Pero sería cómo contarle a un niño sobre los reyes magos…
¡No sería educado estropearles la velada!
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