Nuestras dos primeras semanas las pasamos recorriendo Northland.
Como sabréis, Nueva Zelanda está dividida en dos islas, la Norte y la Sur, pues Northland es la península norte de la isla norte, como su nombre indica. Es donde hace mejor tiempo de toda la isla (en general, tiempo inestable y con viento, debido a la “estrechez” de la isla), y sus playas son de los lugares vacacionales favoritos de los neozelandeses.
El paisaje hace tiempo que nos dejó de recordar al de las islas británicas: Es mucho más voluptuoso y accidentado, y hay mucha menos densidad de población.
De hecho, vemos que en lo alto de cada colina, viendo hacia la playa, hay una casa, y muy pocas alrededor, nos alegramos de que no haya llegado la especulación urbanística hasta aquí. Pero es que bien pensado, en un país de 4 millones y medio de habitantes, lo que les sobra es tierra para decidir hacer sus casas en los mejores lugares, y sin molestarse.
Nuestra primera parada fue cerquita de Goat Island, donde nos quedamos a dormir en un parking, en el que los viajeros de las caravanas de al lado nos explicaron que cuando hay un señalización de “no camping” en un parking, incluye a los vehículos como el nuestro, aunque también nos tranquilizaron diciendo que aún no es temporada alta, y a nadie le importa, asi que todo lo que hicimos fue compartir botellas de vino bajo la luz de la luna.
A la mañana siguiente, paseamos por esa playa de película (Pakiri Beach), y nos fuimos a hacer Snorkeling a la afamada Goat Island.
| De Northland - nueva zelanda |
Al día siguiente seguimos recorriendo la costa hacia el norte, viendo las curiosas formaciones que se han creado a lo largo del tiempo, y que componen la costa. Al parecer, tiene que ser impresionante ver esta zona, la Bay of Islands y etc, desde el aire, (pero hay que ir con un presupuesto más holgado que el nuestro).
La Zona de la Bay of Islands es de las mejores del mundo para hacer buceo y snorkeling, sobretodo Poor Knight Island, aunque hay que coger un ferry para llegar hasta allí.
Nos detenemos en Russell (pueblito turístico y encantador, desde donde se puede tomar el ferry y cruzar la bahía) y decidimos arriesgarnos a dormir más cerca de la población, es viernes por la noche, y vamos por primera vez a un pub neozelandés, la cerveza no está mala, y nos ponemos a jugar al ping-pong. A las 9 pensamos que están cerrando el pub, lo que pasa es que los locales están todos afuera, intentan fallidamente iniciar conversación con nosotros, pero están demasiado borrachos.
A la mañana siguiente, tras un baño y un pésimo partido de tenis (hay canchas en cada pueblo por el que pasamos), recogemos los bártulos y vamos a Paihia, del que nos habían hablado muy bien. Llegamos y hay demasiada niebla, pero a primera vista no nos parece espectacular, además es demasiado grande y será difícil encontrar donde aparcar sin correr el riesgo a que nos echen, asi que seguimos nuestro camino. (Con lo educados que son, tampoco sería tan malo escuchar a alguien golpear en la ventana “por favor, aquí no se puede aparcar, si fuesen tan amables de moverse,…muchas gracias”, aunque si podemos evitarlo, mejor).
Encontramos el lugar perfecto más adelante, la playa idílica de, y al día siguiente lo más nos encontramos con un festival de gastronómico en el pueblillo que todo el mundo nos decía que evitáramos. De vez en cuando hay que darle una oportunidad al azar!
Fue al llegar a la península de Kerikeri, donde dormimos un par de noches decentemente, gracias a nuestro segundo couch, Graham. Él y su hijo, de origen Maorí nos explicaron muchísimas cosas de la cultura originaria neozelandesa, además vimos la película Whale Rider (¿La montadora de ballenas?), que os recomiendo ver si estáis interesados en el tema.
Aquí hay mucha tradición de comer productos del mar, y mucho de lo cual se lo cojen ellos mismos: Ostras, mejillones, almejas, langostinos, cangrejos,…
Un señor en la playa se nos acercó para darnos media docena de erizos de mar, ricos por cierto, pero extraño estar comiéndolos, cuando ves que sus puas se están todavía moviendo. Igor, cuando me ve dubitante con alguna comida, intenta darme coraje recordándome que en la selva peruana comí termitas (sí, el guía nos insistió en sacarlas del termitero y probarlas,..y sabían a madera y menta,.. pero es que sigo sin hacerme tener algo vivo en mi boca!).
Graham nos sirvió unos mejillones marinados y un pescado ahumado, muy tradicional,…hmmm…. Menos mal que no se nos dá mal la cocina, y tampoco se quejó de nuestros pimientos rellenos y croquetas.
Allí visitamos la 90 mile beach, o “Playa de las 90 millas”, aunque en realidad no es tan grande, serán unos 90 kilómetros, y hay mucha gente que se la hace de arriba a bajo en 4x4. Será una experiencia conducir por la playa (aquí es bastante normal), pero desde luego nosotros no nos atrevemos a hacerlo con nuestra Chuski.
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Además, la playa no nos parece maravillosa, aunque es curioso perder las líneas del horizonte y no ver más que arena y mar.
Hay dunas cerca, pensamos en tirarnos por ellas en tabla pero no lo hacemos, y en vez volvemos con Graham, quien le hace a Igor un Moko, o tatuaje típico Maorí.
Me encanta
ResponderEliminarUn fuerte abrazo