PARQUE NACIONAL “TE UREWERA” O LOS PROBLEMAS CRECEN

Al final decidimos ir hacia Te Urewera National Park.
Ignorantes, no descubrimos a tiempo ningún signo de que eso era la mala opción.

Y, es que poco a poco, los problemas crecen.
Tras un idilio inicial con el país: Sus playas, el snorkeling, nuestros “couch” invitándonos a barbacoas, el tenis en la playa, las cenas al aire libre y bajo mil estrellas, el intento de Surf, el concierto de u2, el sol y el calor, los desayunos prolongados en los campings gratuitos,… los problemas comienzan a aparecer: Un perro sale de ninguna parte y se mete debajo de la furgoneta, provocando una amarga discusión con sus dueños -y una alta proporción de sus vecinos-, dando marcha atrás metemos la rueda en un barrizal del que ya no podemos salir, al día siguiente, pinchamos, los mosquitos nos acribillan y las respuestas a los curriculums enviados son todas iguales, como dicen abreviadamente en Irlanda: “PFO” , o lo que es lo mismo “Please, Fuck Off”.

El caso es que el camino “corto” al parque suponía 100 km de carretera asfaltada más 85 kilómetros de carretera de gravilla, y con una recta en el medio. El paisaje y la carretera nos recuerda a la carretera Austral chilena, curvas a 35 km/h y con poco tráfico (¡menos mal!). La frondosa vegetación da paso a valles cerrados, que ocultan lagos azul cristalino entre sus laderas.

Esparcidos por el camino aparecen pequeñas localidades (por llamarlo de alguna manera), donde se preocuparon de asfaltar la carretera (por los 100 metros de longitud del pueblo,…después otros 40 kilómetros de gravilla…los vecinos estarán contentos de tener asfalto para ir a la casa del vecino, pero para ir al supermercado, digo yo que acabarán destrozando sus ruedas igualmente.

De igual manera, y para ser justos con los kiwis diremos que también asfaltan las curvas peligrosas, lo que les hace merecedores de nuestro respeto (suponemos que esto no significa demasiado para ellos, pero ces´t la vie), ya que vemos multitud de detalles como estos en los que se observa que este país, estando todavía en su “adolescencia”, ha ido mejorando modelos copiados de otros, e intentando no repetir errores.

Por ejemplo, los depósitos del agua de la mayoría de las casas, son dos contenedores enormes en los que recogen el agua de la lluvia para su propio consumo, los colegios tienen piscina, dentro de las casas dejan agujeros en las paredes para esconder los cables, una red extensa de señalización y servicios para todo tipo de turistas, (por ejemplo en casi cualquier carretera hay lugares determinados para dejar los desechos procedentes de los servicios incluidos en las autocaravanas -la mierda, hablando en plata-.
Incluso, pensándolo bien, hasta esta extraña costumbre suya de andar descalzos por la calle puede ser productiva,…¡imaginaros lo que se ahorran en zapatos!. (Eso sí, si algún día escucho que los pies de Bilbo Bolson en El Señor de los Anillos no estaban maquillados, sino que eran los de un neozelandés descalzo,…tal vez me lo crea).
Volviendo a lo que nos ocupa:

Con tanta curva y tanta piedrecita, llegamos al Centro de Visitantes (Oficina de Información del Parque, vaya), a las 4.40.
Cerraba a las 4.45, y dado el ramalazo británico de los kiwis, la trabajadora del Centro nos atendió “correctamente” por 4 minutos, hasta informarnos que “mañana abrimos a las 8”.
Nosotros, que sabemos leer entre líneas (sobretodo si nos golpean con ellas), nos fuimos con poca idea de qué hacer; dimos un paseo, vimos la bonita puesta de Sol sobre el lago, y quisimos ir al camping gratuito del Departamento de Conservación, aunque estaba tan escondido que casi nos lo pasamos. Dando marcha atrás, metemos la rueda en la cuneta.

Tras los inevitables improperios, procedimos a llenarnos de pies a cabeza de lodo, pero nuestra Chuski es cabezota, y ni siquiera uno de Bilbao pudo sacarla del hoyo en el que se había metido. Sólo conseguimos sacarla gracias a la ayuda de otra furgoneta, y varios chicos de los alrededores de Bilbao (Berlín, concretamente). Esa tarde-noche nos remojamos en el río para intentar limpiarnos.
Al día siguiente después de unos 40 kilómetros que había quedado sin suficiente aire, reventó. Repetimos los improperios de la tarde anterior. Como somos algo locos pero previsores, nos hicimos socios del club AA, con lo que “el rescate” estaba en camino, una vez que encontrásemos un lugar con cobertura o una casa. Y yo comencé a andar camino de las casas que habíamos pasado. Un coche paró y ofreció llevarme al lugar más cercano desde el que poder llamar. Fueron 35 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta, pero la gente es tan maja, que me llevó de vuelta al coche (70 kms más y con lo cara que esta la gasolina!!!). Y para más inri, en el coche compartí viaje con una campeona olímpica en Barcelona 92!!! (La única medalla de oro de Nueva Zelanda en esas olimpiadas) – para curiosos (Barbara Kendall).
Tras el rescate y a pesar de los que nos costó decidir ir al parque, nos fuimos de allí pitando (pi, pi , piiiiiiiiii).

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