La Australia real: El Outback

La verdadera Australia
Imaginaros que estais en A Coruña, y teneis que conducir hasta Murcia. Pero por carretera nacional. Y por el camino, sólo hay 5 paradas (4 lugares con gasolinera y posada, y 2 pueblo más grande) -valeeee estoy exgerando, son 6 paradas-. ¿Paisaje? El de Castilla, lo más emocionante. ¿Temperatura? Murcia en pleno agosto. ¿Coches con los que te encuentras? Tan pocos, que cuando os cruzáis os saludáis con la mano. ¿Y coger alguna desviación? Una tontería, no encontrarás nada en cientos de kilómetros a la redonda.

Si has logrado imaginarte esto, bienvenida, estas en el “outback”, o el centro de Australia. Bueno, todavía no hemos introducido otros pequeños detalles como los millones de mosquitos, serpientes, arañas venenosas, reptiles o trenes de carretera y canguros que saltan al coche, pero como ejercicio mental vale de momento.

Esta semana hemos vivido una de las cosas que más caracterizan a Australia, “el centro rojo” como le llaman. Rojo, porque es paisaje desértico y la tierra tiene un color rojo-amarronado por la cantidad de hierro que hay en él. Esto es lo que hace que este lugar sea único y que los atardeceres y amaneceres en Uluru sean un espectáculo sin igual. (Sin embargo, este año ha llovido más que nunca, asi que en vez de ser “rojo”, hay arbustos y hierbajos –verdes- por todo el camino).
Pero antes de llegar a la piedra grande, Uluru, dejadnos imbuiros en el ambiente. En los primeros 200-300 kilómetros, la emoción de conducir por este paisaje te evita pensar en que no has hecho ni una cuarta parte del camino. El saludo esporádico a los vehículos que te encuentras y los cambios minimos en el paisaje(que si un lago del sal color blanco, que si en esa otra parte es más rosáceo, ..) te mantienen entretenido.


Después,en los siguientes 300 kilómetros, te das cuenta del calor que hace, que por mucho que corras (la velocidad máxima permitida son 110 km/h, pero creo que nadie la cumple) sigue son aparecer nada nuevo en el horizonte y que el agua ya no esta fresca, que LA emisora que puedes sintonizar es menos entretenida que Zapatero y Rajoy en el debate del estado de la nación, y que la aguja de la gasolina baja muchísimo más rápido de lo que esperabas.
Basta que hay pocas paradas hay que aprovecharlas, y además, la noche se acerca y la conducción nocturna es un deporte de alto riesgo en estos lares. Todos los animales que no ves de día, se echan a andar y a saltar en la carretera de noche. Y sí, un canguro es bonito … pero, como diría aquel, desde la distancia. Chocarte con uno de ellos, sobre todo los canguros rojos que pueden llegar a medir 1,80 metros, te pueden destrozar el coche o lo que conduzcas.
Lo bueno de la paradas o “road house”, es que tienes aseos, gasolina, una mini tienda y no cobran por dormir o cobran poco. Los atardeceres son espectaculares. Como la gama de colores cambia del un amarillo claro a un morado oscuro pasando por naranjas, rojos.

Como anochece a las 7 de la tarde y amanece a las 7 de la mañana, la verdad que nos da tiempo a ver el amanecer, con una gama de colores rica en variedad. Y como dice la canción ….. “volvemos a empezar”…. Pero como somos bravos, medio inexpertos, pero de BILBAO, decidimos no coger gasolina en la parada, porque … ¿ya cogeremos en la siguente, aibalaostia? …. Pues sí, sí, ahí iba y nos la llevamos!!!! A falta de 100kilómetros para la siguiente estación, la aguja empezaba a rascar la parte final del indicador. Decidimos bajar la velocidad, pero eso ayudó, pero no lo suficiente. A falta de 50 kilómetros, el “chivato” de gasolina se encendió. Nos quedaban pocos kilómetros más por recorrer. No pasaban coches en nuestro sentido, en el sentido contrario nos daba igual, no nos iban a llevar de vuelta a la gasolinera anterior. Cuando a falta de unos 35 kilómetros, vislumbramos 1 vehículo en el retrovisor, decidimos parar. Bajamos para indicar que se parara y les pedimos si nos podían llevar al siguiente pueblo, para coger gasolina … pero no tenían espacio para nosotros. Había que esperar al siguiente. Afortunadamente, otro coche apareció en el horizonte, les paramos y justo eran los compañeros de parking de la noche. Un matrimonio neozelandes con 2 niños y, además, ¡¡¡tenían una garrafa con 20 litros de gasolina!!! Nos llenaron parte del tanque, les pagamos a precio de mercado y nos sacaron algunas fotos (pensando en los incautos extranjeros que no paran a coger gasolina en las pocas paradas que hay).


También empezamos a descubrir que dentro del coche no parece que fuera hubiese vida, pero es parar y miles de “amigas” vienen a saludarte. Esas amigas llamadas moscas.

Con energías renovadas, llegamos al pueblo de Coober Peddy, famoso por ….. ¿sus casas-cuevas?¿sus iglesias-cuevas?¿sus tiendas-cuevas? ¿por producir el 85% del opal del mundo? Cada uno le conoce por algo diferente.



Continuamos ruta, con las mentalidad de, es mejor tener el tanque lleno, que volver a pedir gasolina. Y tras largo trayecto, parando en gasolineras aquí y allá, llegamos a un área de descanso, donde planeabamos nuestro descanso…. Digo planeábamos dormir allí, pero como este año es un año de mucha lluvía, hay más verdor que nunca y los animales se reproducen mejor que otros años. Unos lindos inquilinos ilegales entraron en nuestra humilde morada. 2 roedores, ratoncitos de campo, decidieron que querían estar con nosotros. Tras nervios, gritos, peleas y búsquedas de soluciones, uno de ellos decidió salir por piernas, mientras que el otro, decidió quedarse entre las nuestras (no sabemos dónde, pero en los asientos había agujeros y cobijos suficientes para él).
Y tras madrugar más de la cuenta, tomamos la dirección a Alice Springs nuestro próximo destino y nuestra próxima entrada.

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